El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas o IRPF, es más que conocido por la mayoría de los contribuyentes, sin embargo ¿qué ocurre si quien obtiene rentas no es una persona física sino jurídica??

Es aquí cuando aparece el Impuesto sobre Sociedades, que como su propio nombre indica graba las rentas obtenidas por las sociedades, partiendo del resultado contable arrojado en la cuenta de pérdidas y ganancias de la sociedad al cierre del ejercicio.

En general el tipo es del 25%, aunque puede variar en casos muy específicos como empresas de reciente creación, que aplicarían un tipo del 15%, u otros casos como SOCIMIS o Entidades de Crédito con tipos diferentes.

La presentación de este impuesto es anual, como el conocido IRPF; el plazo, cuando el ejercicio de la empresa coincide con el año natural, es del 1 al 25 de julio, es decir, durante los 25 días posteriores a los 6 meses siguientes del cierre del ejercicio.

Por ejemplo: una empresa cuyo ejercicio fiscal sea del 01 de septiembre al 31 de agosto, tendrá plazo para presentar su Impuesto sobre sociedades desde el 01 al 25 de marzo del año posterior al cierre.

Todas las sociedades constituidas en España o con domicilio efectivo en nuestro país, estarán obligadas a la presentación de este impuesto.

Esta obligación se extiende a las empresas inactivas, que aun estando de baja en el censo de empresarios y retenedores por no desarrollar ninguna actividad, han de presentar su impuesto. O a las asociaciones, cooperativas o incluso entidades sin personalidad jurídica como las Uniones Temporales de Empresas UTEs.